Reflexión al cumplir 70 años

Nunca antes he escrito sobre mi paso por el tiempo y si le busco algún sentido, solo me viene a la mente el hecho de que todo lo que nace muere y con la muerte, desaparecen los recuerdos sin importar si estos eran buenos o eran malos. Me acerco a esa meta que se me antoja anodina y mirando hacia atrás solo veo algunos destellos de momentos felices y ninguna explicación del misterio de la vida.

Muchos se consuelan pensando que hay otros con recuerdos y vidas peores y aunque esto es siempre una verdad, no lo considero un consuelo, si no una forma más de preguntar sin hallar respuesta a: ¿para que vivimos?

Como muchos, temo a la muerte. Como muchos, he deseado la muerte. Lo que venga después no es de mi incumbencia, pues son muchos los años invertidos en razonar ese paso y nunca he hallado respuesta. Me hubiera gustado ser menos racional. Ser una persona que prefiera la conformidad de creer aunque no pueda comprender y soportar su paso por la vida con esa fe de que algo le espera después de morir. Estas personas, soportan con estoicismo su suerte y llegan a pregonar que el mismo Dios les ha hablado, lo que me ha llevado a pensar que indagar sobre la esencia misma de la creación, conlleva el castigo de jamás encontrarse con Dios.

No soy ateo. Esos misterios que me impiden entender la razón de la existencia misma, la razón de la inmensidad del universo, tanto en lo macro como en lo micro, son prueba de algo sublime, de un supremo equilibrio universal, de un reordenamiento dentro del caos, de la suma de todas las consciencias anteriores a la consciencia individual que todos poseemos y que de paso es el mayor enigma de los seres racionales. En fin, ser creyente tratando de comprender la razón misma de la vida, me ha resultado más difícil de llevar, que haber adoptado la posición de haber sido un simple ateo, o un buen creyente por la fe.

Seguiré mi camino por este sendero hasta el día final, aún consciente de que no lograré despejar incógnitas que me acerquen al concepto de Dios. Seguiré creyendo que soy racional y que esa virtud no la puedo sustituir por la negación total o por un dogma de fe.  Los ateos irán al infierno, los creyentes al cielo y yo, me encontraré en el limbo, sitio que conozco desde que tengo uso de razón.

El resumen de 70 años de vida ha sido corto, es mi biografía, es lo que he sido. Los demás hechos tienen un aporte que parece insignificante ya que individualmente, no alteran el equilibrio del universo y solo forman parte del caos local en el que viví y en el que me esforcé por encontrar su esencia.

En mi interior, razono que de alguna forma mi contribución, aunque inmensamente pequeña, se sumará a la de otros para que en el total represente un rumbo, una tendencia, hacia ese reordenamiento que ansío de la vida de los seres racionales que deben poblar el universo. Parece ser poca cosa, si se mira individualmente y en tan poco tiempo, pero frente a un macrocosmos ilimitado y un tiempo que avanza hacia la eternidad, es la gran suma la que vale, es un aporte valioso, es tal vez, una razón para la existencia, o quizás, su propia explicación. 


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