La creación fue perfecta hasta el sexto día.
Con toda la intención, Dios creó en los primeros cinco días, un universo perfecto, armónico, deslumbrante y sobretodo, cíclico y capaz de transformarse y evolucionar. La mente humana no es capaz de concebir la eternidad como algo sin principio ni fin, aunque si puede concebir algo que tenga principio y dure para siempre (la semi-eternidad), de ahí que era necesario poner un principio, para que el tiempo tuviera sentido y la mente estrecha del humano pudiera asimilar los eventos, esos fenómenos que solo pueden ocurrir en el tiempo.
En el sexto día, Dios creó al ser humano y con ello la imperfección. Este nuevo elemento, completa el triángulo donde el creador, ocupando el vértice superior representa lo inmutable, lo eterno. El vértice inferior derecho lo ocupa el universo, que representa el gran habitat de naturaleza evolucionante. donde el tiempo ya tiene sentido, por haber tenido un principio. Finalmente, el vértice inferior izquierdo, representa a la humanidad, la cual, por estar dotada de conciencia, introduce de inmediato conceptos relacionados con su naturaleza, como son el bien y el mal, sus limitaciones como ser pensante y las propias reglas que conformarán su ética y su moral durante su vida. Pero más que todo, es su reconocimiento de la existencia de un punto de partida, dándole un inicio a todas las cosas y a los fenómenos de la naturaleza, lo que le hace posible notar su propia existencia, experimentar el transcurrir del tiempo y por tando, de la sucesión de los eventos dentro de ese marco temporal. Antes que eso, el tiempo estuvo detenido... existió la nada.
Todos necesitamos de una creencia, aún el ateo, que necesita la creencia de que Dios no existe.
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